Amor a quemarropa o (La Soñada Aventura amoroso-sangrienta de Tarantino)
Amor a quemarropa "True Romance" (1993), es una película protagonizada por Christian Slater y Patricia Arquette, dirigida por alguien, pero sobre todo, escrita por Quentin Tarantino, por si ya viéndola, la cantidad de violencia, sangre y tiroteos no te delata este dato. Y no hay pies porque no la dirigió él.
¿Alguna vez estabas trabajando, estudiando, o en general haciendo algo aburrido y te has puesto a soñar despierto? ¿Algo como que de repente entraba por la puerta (de donde estuvieras) la persona de tus sueños, y se enamorase perdidamente y locamente de ti y juntos tuvieseis aventuras? ¿Y que de repente aparecía un malo muy malo y tu te convertías en un tipo duro muy duro y repartías cates y justicia de manera épica pero grotesca? ¿No? Bueno, pues Quentin Tarantino, cuando trabajaba en aquel videoclub antes de dedicarse por completo al cine, sí. Y ahí es cuando el tío es mucho más listo que cualquiera de nosotros, porque transformó esa fantasía en un guion y se sacó una pasta vendiéndolo. Y luego pudo ver en pantalla como habría sido, aunque seguro que estuvo triste porque fuese la cara de Slater y no la suya.
Esa es la mejor forma en la que puedo resumir la trama de esta película, la cual, por cierto, he visto como parte de mi maratón de roadmovies, recomendada por un artículo sobre las mejores películas de este subgénero. Solo necesito saber en qué momento "Amor a quemarropa" es una roadmovie, porque para mí, que haya un traslado de una ciudad a otra no la convierte en ello. Si no, por ejemplo, "El diablo viste de Prada" es claramente una roadmovie, porque están en Nueva York y luego se van a París.
Al menos para mí el concepto de roadmovie implica que la mayor parte de la acción transcurre durante un viaje (Alicia en las ciudades, Green book... Zombieland). Aquí la única autopista que hay dura una escena y la dedican a que Tarantino, perdón, Slater le meta mano a la protagonista.
Aclarado ese punto, la película es entretenida. Si te gusta la violencia excesiva, claro está. Dentro de la clara fantasía de Quentin (hasta el personaje se llama Clarence, nombre que ya había vestido Tarantino haciendo de protagonista de un corto escrito por él 6 años antes), hay que admitir que este hombre sabe escribir diálogos. Quizás no tanto romances creíbles. Pero sí diálogos, y sabe enrevesar la trama para que no sepas qué más piedras se van a encontrar los protagonistas en su búsqueda de la jubilación prematura.El cast está plagado de estrellas, todas ellas en gran parte efímeras en su aparición, pero gratificantes igualmente. Gary Oldman se lo tuvo que pasar bien haciendo ese personaje (y en una entrevista confirmó que es de sus dos favoritos), Brad Pitt solo tuvo que estar muy colocado, y Christopher Walken... da gusto ver a ese hombre. Gusto y miedo. Tienes claro que su personaje te va a matar en cualquier momento, pero la tensión que genera, a veces solo con la escucha, es pura fantasía.
Patricia Arquette se merece un trofeo aparte. Aunque a veces le salga muy bien la rubia tópica, carga con gran parte de la película. Su interpretación te embelesa de lleno y te dan ganas de abrazarla, lo cual está bien porque compensa al personaje de Clarence, en su viaje de héroe encocado y testosterónico que en cualquier momento se va a despertar de ese fantasioso sueño que ni él se cree que esté pasando.
Se podrá decir lo que quieras de Tarantino; que es violento, sangriento, gratuíto, morboso. Pero este hombre, ya en su primer guion, supo hacer esas situaciones que tan bien ha sido capaz de construir a lo largo de su carrera (apoyado en este caso por quien haya dirigido la película, claro). Ese climax. Esa escena final que junta a tantos personajes de una manera tan trágica pero cómica a la vez. Esa ensalada de tiros con la que no puedes evitar divertirte porque es surrealista y no se toma nada en serio a sí misma. Ni siquiera los personajes, que han llegado ahí cada uno por sus diferentes motivos y tampoco se plantean mucho los del resto, simplemente toman acción sin preocuparse demasiado por las consecuencias.
¿Alguna vez estabas trabajando, estudiando, o en general haciendo algo aburrido y te has puesto a soñar despierto? ¿Algo como que de repente entraba por la puerta (de donde estuvieras) la persona de tus sueños, y se enamorase perdidamente y locamente de ti y juntos tuvieseis aventuras? ¿Y que de repente aparecía un malo muy malo y tu te convertías en un tipo duro muy duro y repartías cates y justicia de manera épica pero grotesca? ¿No? Bueno, pues Quentin Tarantino, cuando trabajaba en aquel videoclub antes de dedicarse por completo al cine, sí. Y ahí es cuando el tío es mucho más listo que cualquiera de nosotros, porque transformó esa fantasía en un guion y se sacó una pasta vendiéndolo. Y luego pudo ver en pantalla como habría sido, aunque seguro que estuvo triste porque fuese la cara de Slater y no la suya.
Esa es la mejor forma en la que puedo resumir la trama de esta película, la cual, por cierto, he visto como parte de mi maratón de roadmovies, recomendada por un artículo sobre las mejores películas de este subgénero. Solo necesito saber en qué momento "Amor a quemarropa" es una roadmovie, porque para mí, que haya un traslado de una ciudad a otra no la convierte en ello. Si no, por ejemplo, "El diablo viste de Prada" es claramente una roadmovie, porque están en Nueva York y luego se van a París.
Al menos para mí el concepto de roadmovie implica que la mayor parte de la acción transcurre durante un viaje (Alicia en las ciudades, Green book... Zombieland). Aquí la única autopista que hay dura una escena y la dedican a que Tarantino, perdón, Slater le meta mano a la protagonista.
Aclarado ese punto, la película es entretenida. Si te gusta la violencia excesiva, claro está. Dentro de la clara fantasía de Quentin (hasta el personaje se llama Clarence, nombre que ya había vestido Tarantino haciendo de protagonista de un corto escrito por él 6 años antes), hay que admitir que este hombre sabe escribir diálogos. Quizás no tanto romances creíbles. Pero sí diálogos, y sabe enrevesar la trama para que no sepas qué más piedras se van a encontrar los protagonistas en su búsqueda de la jubilación prematura.
El cast está plagado de estrellas, todas ellas en gran parte efímeras en su aparición, pero gratificantes igualmente. Gary Oldman se lo tuvo que pasar bien haciendo ese personaje (y en una entrevista confirmó que es de sus dos favoritos), Brad Pitt solo tuvo que estar muy colocado, y Christopher Walken... da gusto ver a ese hombre. Gusto y miedo. Tienes claro que su personaje te va a matar en cualquier momento, pero la tensión que genera, a veces solo con la escucha, es pura fantasía.
Patricia Arquette se merece un trofeo aparte. Aunque a veces le salga muy bien la rubia tópica, carga con gran parte de la película. Su interpretación te embelesa de lleno y te dan ganas de abrazarla, lo cual está bien porque compensa al personaje de Clarence, en su viaje de héroe encocado y testosterónico que en cualquier momento se va a despertar de ese fantasioso sueño que ni él se cree que esté pasando.
Se podrá decir lo que quieras de Tarantino; que es violento, sangriento, gratuíto, morboso. Pero este hombre, ya en su primer guion, supo hacer esas situaciones que tan bien ha sido capaz de construir a lo largo de su carrera (apoyado en este caso por quien haya dirigido la película, claro). Ese climax. Esa escena final que junta a tantos personajes de una manera tan trágica pero cómica a la vez. Esa ensalada de tiros con la que no puedes evitar divertirte porque es surrealista y no se toma nada en serio a sí misma. Ni siquiera los personajes, que han llegado ahí cada uno por sus diferentes motivos y tampoco se plantean mucho los del resto, simplemente toman acción sin preocuparse demasiado por las consecuencias.
Comentarios
Publicar un comentario